jueves, 18 de noviembre de 2010

2. Atticus

"No mires abajo. Cierra los ojos. Respira hondo." Deirdre se repetía estas frases una y otra vez como un mantra que la aislaría del mundo. Que le daría fuerzas. O que al menos lograría que no cayera en su debilidad.

Cuando abrió los ojos y miró al cielo, encontró algo que llamó su atención. El brillo aguerrido de las constelaciones. No sabía distinguirlas pero estaban allí. Las sentía; sentía su luz, sentía su fuerza, su valentía. Le animaban a dar el paso que faltaba. La hacían sentirse como Atticus en "Matar a un ruiseñor", al igual que éste, logró abandonar su miedo.

Ahora entendía que sentía Pandora justo antes de abrir la caja. La euforia que recorría sus venas en ese instante era la mejor sensación que había sentido jamás.

Ya no tenía miedo.
Podía volar.
Era tan sencillo como cuando de niña representaba obras de teatro en el colegio.
Solo que sin mil frases que repetir.
El telón ya estaba abierto y la obra iba a comenzar.

Cuando avanzó al escenario su pesadilla se acabó.

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