Al regresar a casa después de esa noche intentó asimilar todo lo que había ocurrido.
Nunca había sentido nada parecido.
Ni siquiera sabría describirlo.
Lo único que quería hacer era mirar hacia otra parte que no le mostrara una realidad tan contradictoria como la suya.
Nunca había creído en la bondad humana hasta que Cillian le demostró su gran corazón. Para ella el mundo estaba lleno de maldad. Sentía vergüenza de la raza humana el 90% de las veces.
Ahora no podía deshacer todo su aprendizaje cognitivo para admitir que le habían roto los esquemas. Y menos aún una persona como Cillian.
Aquel chico peculiar con gran pasión para la música, que en vez de dedicarse a jugar al fútbol en los recreos prefería componer canciones con la única compañía de su guitarra. Que no estaba ni en el grupo de los populares ni en el de los perdedores. Que respetaba a todo el mundo. Que era extremadamente educado y tiernamente inocente. Y eso lo hacía aún mas especial. Y, sobre todo, aún más frágil y delicado.
Y ella le había hecho pedazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario